Los días de resaca

Amanezco otro domingo más pensando en que no debería haberme bebido esa última copa. ¿Cuándo aprenderé a controlarme? De repente me siento como si tuviera dieciocho otra vez, solo que ahora las resacas duran más. Intento levantarme de la cama y ser todo lo productiva que imaginaba que iba a ser pero el número de copas de la noche anterior me lo impide. Así que cojo mi móvil y me pongo a escribirte. Una vez más, como un círculo vicioso, pero me resulta imposible entender porqué lo divertido tiene que estar prohibido. 

Me entretienes mi tarde tirada en cama, y no se acaba el entretenimiento. ¿Qué tienes? A las dos horas ya me salen sonrisas y me imagino mil cosas juntos, como siempre. No me queda batería pero tampoco me apetece levantarme a buscar el cargador. Ya te responderé mañana. 


Me despierto, no sé ni qué hora es. ¿Por qué no cargué el móvil ayer? Bueno, ya lo cargaré en el trabajo. Tic tac. Pasos apresurados. Sonido de la cafetera. Las tostadas se están quemando. Les doy un mordisco y me voy. No me acuerdo de ti, ni hoy, ni mañana ni en toda la semana. Como siempre. Porque siempre es lo mismo y yo sigo siendo la misma, aunque tú intentes creerte que no. Aunque anheles ese pasado que nunca será futuro. Nos vemos otro domingo de resaca, hablando de sueños que, seguramente, nunca terminen de cumplirse, porque yo no quiero perderte y tú no quieres olvidarme.

0 Comentarios